Algunas reflexiones sobre el modelo de fiestas en Gasteiz

Mucho se habla de las puñeteras fiestas, las fiestas locales, de verano y de las patronales, que no queda claro si son para encumbrar al patrono o patrona local o a las patronales empresarias. Serian muchas la cosas a criticar, las cuestiones a plantear y las reflexiones que se pueden hacer sobre el modelo de fiestas o sobre las fiestas “populares” en general; desde el impacto ecológico ( residuos plásticos irreciclables, despilfarro de comidas y bebidas, contaminaciones varias…) hasta el laboral ( contratos basura, horarios interminables, falta de condiciones ergonómicas…), pasando por el planteamiento de porque tenemos que divertirnos cuando nos digan o nos dejen las autoridades; pero siendo el interés y motivo de esta web las disidencias sexuales y genéricas nos limitaremos principalmente a esta visión.

Las fiestas por muy participativas, populares y autogestionadas que sean siempre tendrán una marcada impronta de heterocentrismo, machismo y binarismo muy difícil de quitar.

Situándonos en las fiestas de Vitoria-Gasteiz, en adelante fiestas de La Blanca, o La Blanca a secas; recalquemos algunos puntos que nos parece justo remarcar.

El binarismo es altamente publicitado, y sobretodo hasta la saciedad, por la presencia de las cuadrillas de neskas y blusas que con sus atuendos exponen de una forma claramente dicotómica el rol de hombre y mujeres. Sus rancias, caducas y cuestionadas indumentarias, decoradas con el pincel de la “Tradición”, no son mas que la representación del binarismo mas sexista, negando la posibilidad de cualquier posición intermedia y flexible en cuanto a la representación del genero, y por ende mas liberadora e igualitaria que es lo que desde el movimiento feminista y LGTBI se propugna y a lo que se debía tender desde cualquier manifestación publica que se precie de progresista. La exaltación de la masculinidad hegemónica donde la fluidez del género como construcción social no tiene lugar en este tipo de representaciones, sino que es negada e invisibilizada.

El machismo esta íntimamente asociado a lo que se llaman “valores tradicionales”, y en el caso de los blusas a los valores rurales, donde la exaltación de la fuerza, osadía, riesgo y prepotencia son las formas mas utilizadas para su ostentación. Este tipo de actitudes redundan en beneficio de una concepción de la virilidad donde se potencia la agresividad y esta se convierte en la única herramienta en la relación de conflictos, justificando la violencia como herramienta relacional; al mismo tiempo que se minusvalora otro tipo de expresiones, menos competitivas, peligrosas y potenciadoras de valores mas empáticos, basadas en unas formas de diversión no jerarquizantes y, por que no, por una mayor flexibilidad y juego con la representación el género.

La cisheteronormatividad esta intrínsecamente ligada al modelo festivo de la ciudad gracias, de nuevo, a la visibilidad simbólica que suponen las cuadrillas de blusas y neskas, donde sus estrictas normas de vestimenta y, por ende comportamientos, no dejan lugar a expresiones genéricas no normativas como la transexualidad. Ni las diferentes corporalidades en transición, ni los diferentes modelos conceptuales de lo que es ser hombre o mujer, tienen cabida en esas estrictas indumentarias recalcadoras de un binarismo blindado y de las actitudes que se destilan de sus atributos. Otras formas de expresión genérica donde el hecho de ser mujer u hombre no se adapte a las iconografías simbólicas de lo que se aparte del concepto “neska” (mujer, casi siempre joven) o “blusa” (hombre, casi siempre, joven, gregario, escandaloso, frenético) son totalmente inviables o invisibilizadas.

Pero no solo es contraproducente para la diversidad sexo-genérica las cuadrillas de blusas y neskas y su extrema ocupación del tiempo y el espacio festivo. La advocación a la virgen Blanca de la confesión católica no deja de ser un elemento de fricción, cuando no de negación y persecución de la diversidad sexo-genérica. La iglesia católica es un claro ejemplo de machismo y LGTBI+fobia, no solo en la moral que exige a sus acólitos, sino por su injerencia publica que goza del respaldo institucional. Respaldo, este, que creemos va en absoluta contradicción con los valores de diversidad sexo-genérica e igualdad que se piden desde nuestra sociedad y que desde las instituciones se obvian debido a las relaciones privilegiadas de la iglesia con administración.

Las ofrendas y homenajes a la imagen de la virgen Blanca junto a la participación en desfiles y actos de esta confesión, no solo no ayudan a la lucha contra la igualdad sino que retroalimentan a una entidad que ha demostrado y sigue demostrando, una beligerancia altamente activa contra el movimiento feminista y LGTBI+, y sus conquistas sociales.

La influencia de las doctrinas discriminatorias católicas, sobretodo mediante la educación concertada, pagada por toda la ciudadanía, pero también por su influencia en la opinión publica debía ser, no solo cuestionada, sino negada por las administraciones publicas y las personas que las representan. Es de recalcar que las declaraciones del obispo de Vitoria Juan Carlos Elizalde sobre la presunta “cura” de las identidades sexo-genéricas no normativas son solo la punta de lanza de las ideologías mas reaccionarias y crueles contra la diversidad sexual y el feminismo. No es de entender la participación de representantes institucionales en actos de una confesión concreta, menos cuando esta actuá en clara contradicción con las políticas pro-igualdad y antidiscriminatorias, que dicen promover las instituciones.

El clímax de estas contradicciones lo vemos en la participación del obispo católico de Vitoria en la concentración institucional contra las agresiones machistas que se realizo el día 8 de agosto y que solo se puede interpretar como suma impericia o ignorancia por parte de las personas responsables institucionales de las políticas de igualdad y antidiscriminatorias.

Ni los actos de pleitesía a la iglesia católica ni los esfuerzos realizados, talleres, debates y protocolos, por la comisión de igualdad de la Comisión de Blusas y Neskas de Vitoria-Gasteiz para concienciar a su membresía sobre igualdad, machismo, buenos tratos y diversidad sexo-genérica parecen ser, a todas luces, insuficientes para conseguir unas fiestas menos machistas, sexistas y cisheterosexistas por lo que creemos que hace falta muchas mas reflexiones y cuestionamientos que dejen en el pasado los modelos festivos tramontanos y excluyentes.