¡Vamos a recuperar todo el «AMBIENTE»!

En demasiadas ocasiones, los activismos hemos vivido envueltos en nuestras propias luchas relegando o ignorando las luchas hermanas que combaten opresiones que también nos atraviesan. Desde las organizaciones por la disidencia sexual y de género siempre hemos tejido alianzas, principalmente con los movimientos feministas, para combatir la crisis social, la opresión y la norma establecida en nuestra sociedad. Sin embargo, hemos llegado a un punto crítico en el que debemos ampliar nuestra mirada para tejer alianzas contra la crisis climática que también nos atraviesa.

Por ello, desde LUMAGORRI ZAT nos sumamos a la Huelga Mundial por el Clima convocada para este viernes 27 de septiembre. Porque la crisis social y la crisis ecológica están profundamente interconectadas y esa interconexión se reforzará en el futuro. El agotamiento de los recursos naturales en un sistema capitalista devorador de las personas y de la Tierra traerá consigo migraciones masivas y una profunda alteración de la geopolítica actual. La norma, fuente de opresión social, adquirirá una nueva dimensión al cruzarse en su camino la desestabilización que traerá el calentamiento global y la destrucción de los ecosistemas.

Y parece que la respuesta ante esta situación que nos viene se antoja una mezcla de resurrección de las políticas fascistas con el recrudecimiento de la economía neoliberal, un cóctel explosivo ante el que no nos podemos quedar de brazos cruzados. En los próximos decenios, millones de personas se verán obligadas a migrar de sus pueblos y ciudades actuales, bien por las sequías extremas, bien por la falta de alimento o por el aumento del nivel del mar. Según el Banco Mundial, se calcula que el cambio climático expulsará de sus hogares a 143 millones de personas en los próximos 30 años, principalmente en África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina.

Y en esta situación de futuro, los colectivos más vulnerables seguiremos siendo los que ahora nos situamos en los márgenes de la normatividad. Las mujeres, las bolleras, las trans, las maricas, las racializadas, las rechazadas. Cuando el actual status quo se rompa, el golpe de la opresión será mucho mayor. La crisis ecológica definirá el nuevo tablero de juego. Articular luchas en un contexto de migraciones masivas por el acceso a los recursos básicos como el agua y los alimentos va a suponer un nuevo reto al que enfrentarse.

Pero tenemos el arma perfecta para este combate: la universalización de la lucha feminista. Impulsada por grandes movimientos globales desde lo local, que se han acentuado de forma exponencial durante los últimos años, los feminismos se están situando dentro del marco social como alternativa a los sistemas tradicionales. Los movimientos disidentes, los movimientos LGTBI+, encontramos en los feminismos espacios comunes de trabajo y reivindicación por lo que debemos trabajar por situarlos como una alternativa real y efectiva al sistema actual. Ampliar el sujeto para universalizar nuestra lucha frente a los retos que nos trae el siglo XXI es clave para concentrar todas las luchas bajo una misma lucha, una unión imprescindible para derrotar a la ultraderecha, al mercado y la norma, y a toda su ideología asociada.

El reto que tenemos por delante es inmenso, quizás el mayor al que nos enfrentamos como civilización. La unión de luchas contra esta amenaza es necesaria. La crisis ecológica ha entrado en un punto de inflexión. O actuamos ahora juntas o nos enfrentaremos a un escenario imprevisible que pondrá en cuestión nuestra propia existencia. Tenemos poco tiempo pero tenemos la herramienta perfecta. Es hora de unirnos por un objetivo común. ¡Vamos a recuperar todo el MEDIO AMBIENTE!