Lumagorri se adhiere al manifiesto en apoyo a les encausades en el sumario 11/13

Irten bidera

Las palabras del manifiesto de Jon Maia son críticas, pretenden ser efectivas pero también afectivas: la libertad, los derechos, nuestra casa… Pero no resulta fácil denunciar atropellos como los de este juicio ni tener que reclamar justicia otra vez más. Cuenta el filósofo esloveno Zizek que, antes de que un preso fuera castigado a Siberia, temiendo a la censura, anticipó a sus amigos que si les escribía sus cartas en tinta azul, lo que contaba sería cierto, pero que sería falso si sus misivas estaban escritas en rojo. Por fin llegó la primera carta, escrita con tinta azul, describiendo las excelencias de su estancia: les contaba que la comida no estaba tan mal, que sus tareas no eran tan pesadas, que podían jugar al fútbol los fines de semana, que los domingos tenían baile y que también iban chicas; pero su carta concluía con una apostilla demoledora: «la pena es que no disponemos de tinta roja…». Las palabras están tan gastadas, están tan cansadas que apenas tienen fuerza para mostrar su significado, las denuncias han perdido su valor y su capacidad de cambiar las cosas. Y, a pesar de todo, las palabras del manifiesto de Jon Maia siguen siendo críticas y necesarias; efectivas, pero también afectivas: la libertad, los derechos, nuestra casa… A través de mensajes positivos es necesario seguir diciendo que No, seguir denunciando injusticias, manifestando nuestro No a este juicio. Por eso nos hemos reunido aquí.

Alguien concluyó que, en esta era democrática de palabras huecas y gastadas, en esta democracia de derechos conculcados, la república ideal debería contar con tres tipos de personas: ~una maestra o un maestro, que nos ayudará a vivir. ~un o una médica, que nos acompañará al nacer, a lo largo de nuestra vida, y que también nos enseñará a morir. ~una persona que alzará la voz para decir No, que será quien preserve la dignidad colectiva.

Por eso mismo nos hemos reunido aquí, obstinados, enojados, para decir que No a este juicio, a pesar de que la palabra esté caduca, casi hueca, pero con voces necesarias y críticas como las de Jon Maia, palabras tan efectivas como afectivas: la libertad, los derechos, nuestra casa…, y Sí, para denunciar injusticias y reclamar derechos, Sí, para solidarizarnos especialmente con las amigas y amigos de Gasteiz: Ane, Egoitz, Izaskun, Nagore y Gorka, elkartasunez, Bai, elkartasunez blai.

Patxi Zubizarreta